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CUARTA
ETAPA: EL LITORAL PERUANO >> |
En el litoral peruano se implantaron culturas que
aún desafían la capacidad explicativa de los estudiosos.
Lima
La capital del Perú, pese a ser una ciudad fundada por los españoles,
nos ofrece una de las mejores oportunidades de introducirnos en el pasado
prehispánico a través de sus magníficos museos. El
Museo de la Nación y el Nacional de Antropología y Arqueología
presentan una nutrida colección de cerámica chimú,
nazca, mochica y pachacámac, además de la estela Ralmondi
y el obelisco Tello, procedentes de los yacimientos de Chavín,
entre otros tesoros.

Paracas y las Islas Ballestas
Más al sur nos topamos con la península de Paracas y las
Islas Ballestas, habitadas por la mayor concentración de aves marinas
del mundo. Aquí están trazadas las celebres líneas
de El Candelabro, un geoglifo de 50 metros de largo sobre una ladera junto
al mar. En el Museo Julio C. Tello nos encontramos con una muy notable
colección de momias, cerámica y tejidos

Ica y el oasis de Huaccachina
Entre dunas que parecen extraídas del desierto del Sahara se encuentra
la laguna de Huaccachina, que riega un oasis de verdor utilizado desde
muy antiguo como zona de descanso. El Museo Regional de Ica nos ofrece
una interesante muestra de las culturas prehispánicas. Lo más
espectacular de sus salas son los cráneos trepanados de su sala
de bioantropología y sus quipus incaicos, cuerdas de colores anudadas
que servían para contar. Una visita curiosa, por no decir divertida,
es la famosa colección de piedras del doctor Cabrera, donde podremos
observar como los “antiguos” realizaban viajes espaciales
e incluso transplantes de cerebro.

Nazca
En el litoral meridional de Perú, comenzamos un recorrido mágico
por las famosas rayas de Nazca, en la llamada "pampa del Ingenio",
un impresionante conjunto de dibujos geométricos y figuras de animales
y personas surcados en el suelo rocoso del desierto; algunos de hasta
cien metros de longitud. Los enigmáticos trazados, que ocupan una
extensión de desierto de 525 kilómetros cuadrados, han sido
motivo de abiertas polémicas, y todavía se siguen estudiando.
Para apreciarlos en toda su magnitud es necesario volar en avioneta lo
más temprano lo más tarde posible para aprovechar la luz
horizontal.
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