
|
| |
Desarrollo de
la Expedición >> |
| |
QUINTA
ETAPA: EL CORAZON DEL IMPERIO >> |
Desde la costa hay que ascender hasta la ciudad de
Cuzco, a 2800 metros de altitud, adaptándonos progresivamente a
la falta de oxígeno de semejante altitud, a fin de evitar el temido
soroche o mal de altura.
Cuzco
Es denominada con razón "la capital arqueológica de
América". En conjunto, toda esta región peruana conforma
el mejor vestigio del antiguo esplendor inca. Los hijos del Sol dieron
a Cuzco, "ombligo" de su impero, forma de puma: el río
Tullumayo era la espina dorsal; el templo de Sacsahuaman, su cabeza; y
la mayor parte del centro urbano, flanqueado por los ríos Tullumayo
y Huatanay, el cuerpo.
Una gran parte de la arquitectura cuzqueña se considera normalmente
incaica pero data de una fecha posterior a la Conquista. Varios detalles
desenmascaran los restos de auténtica estirpe prehispánica.
Por ejemplo, los muros incas, más anchos en la base que en los
pisos superiores, estaban ligeramente inclinados. Además, el volumen
de sus bloques disminuía a medida que el edificio ganaba altura
y nunca exhibían bajorrelieves de serpientes o pumas.
De cualquier forma, casi todas las calles del centro histórico
conservan parte del esplendido trabajo en piedra realizado por sus primeros
moradores, ya que sus muros fueron aprovechados por los españoles.

Dominando la ciudad sobre una colina se alza el centro ceremonial de Sacsahuaman.
Sus tres muros paralelos hicieron creer durante siglos que se trataba
de una fortaleza, pero hoy se tiende a pensar que era un templo dedicado
al Sol. Sus paredes presentan algunas de las piedras más gigantescas
usadas por los incas: se calcula que el bloque más grande mide
8,5 metros de altura y pesa 361 toneladas. La asombrosa envergadura de
estos sillares no impide que todos encajen perfectamente.
Siguiendo la carretera de Pisac, llegamos en poco tiempo
al curioso templo de Quenco. Se trata, en realidad, de un afloramiento
de piedra caliza tallado in situ siguiendo las formas naturales de la
roca. Este santuario posee un anfiteatro con diecinueve asientos dispuestos
junto a una roca de probable función religiosa y cuevas llenas
de nichos y altares. Posiblemente, Quenco sirviera para custodiar las
momias de la nobleza cuzqueña. También muy cerca de Sacsahuaman
se encuentra el tambo de Puka Pukara y los baños rituales del altar
de Tambo Machay.

El Valle Sagrado
A pocos kilómetros de Cuzco, el río Urubamba baña
uno de los lugares clave en el mapa de la civilización quechua.
El llamado Valle Sagrado fue tanto el camino que unía la capital
y la jungla como la vía por la que llegaba la hoja de coca a la
capital.
Empezamos el recorrido en Pisac, famoso por un mercado dominical donde
se reúnen campesinos de los alrededores vestidos con sus atuendos
tradicionales. En torno al mediodía se celebra una procesión
encabezada por los alcaldes de los pueblos cercanos. Pero la verdadera
importancia de Pisac dentro del mundo inca la determina su ciudad-fortaleza,
la más grande de todo el imperio. Colgada en un espolón
de la montaña a considerable altura sobre el valle, defendía
a los cuzqueños de un posible ataque desde la jungla.
En el templo del Sol, uno de los más finos ejemplos de arquitectura
inca, mide el tiempo un reloj solar. Al igual que todos los edificios
religiosos, ejercía también como observatorio astronómico.
Junto a él se encuentra el que, posiblemente, fuera el templo dedicado
a la Luna. Otras edificaciones dignas de interés son unos baños
litúrgicos alimentados por canales situados al sur.

Ollantaytambo
La ruta del valle tiene su continuación en Ollantaytambo, tal vez
la única ciudad de Perú que mantiene intacto su trazado
inca original, el cual, visto desde arriba, ofrece forma trapezoidal.
Su fortaleza es una de las más impresionantes del mundo quechua.
En los alrededores se conservan canales de riego y terrazas de cultivo
perfectamente adaptados a los recovecos de las laderas.
Muy cerca de aquí, el llamado "Baño de la Nusta"
es una muestra de funcionalidad aliada con la belleza. Llamativa resulta
la "avenida de las cien ventanas", llamada así por los
numerosos nichos que exhiben sus paredes.

Machu Picchu
El río Urubamba comienza su vertiginoso descenso hacia la cuenca
amazónica a través de cañones espectaculares. Por
aquí pasa el antiguo camino que conduce a Machu Picchu, la más
famosa ciudad inca, hasta alcanzar la ciudad perdida. El complejo precolombino
más espectacular del continente permaneció olvidado bajo
la selva, hasta que fue descubierto en 1911 por Hiram Bingham, quien dio
nombre a todas sus edificaciones. Su buen estado de conservación
se debe a que nunca fue encontrado por los españoles, aunque quizás
ya estuviera perdida cuando estos hicieron acto de presencia.
Machu Picchu, rodeada de montañas cubiertas de selva y asomada
sobre el cañón del Urubamba, ofrece un impresionante conjunto
de pura arquitectura inca, sin mezclas anteriores o posteriores. Seguramente,
no era una "ciudad" -sólo hay unas 200 estructuras habitables-,
sino un centro ceremonial importante.
Aunque el trabajo de piedra más logrado lo ostenta el templo del
Sol, este es igualmente espectacular en el Palacio de la Princesa, la
Fuente Principal, el templo Principal y el templo de las Tres Ventanas.
Como ejemplo de virtuosismo arquitectónico, vale contemplar una
de las piedras del muro de la llamada Sacristía que, a pesar de
sus 32 ángulos, encaja a la perfección con el resto. Por
último, la Roca Sagrada y el Intihuatana mantienen todavía
el enigma sobre su función.
En los alrededores se completa la visita en el puente colgante inca y
el templo de la Luna, que se esconde en una gruta de la cara norte del
Huaynapicchu, la montaña de paredes verticales que se eleva justo
encima de Machu Picchu, y que también se puede ascender hasta la
cima.

Los corredores aymará
y quechua
Rodeando la orilla del lago Titicaca llegamos a la ciudad de Puno, corazón
de los que se han dado en llamar el corredor aymará y el corredor
quechua. En esta zona se alinean, alrededor del lago y de sus recursos
naturales, las poblaciones indígenas más características
del mundo andino, donde las tradiciones culturales se mantienen como hace
mil años. Junto a pequeños pueblos como Sillustani o Pukara
nos encontramos con algunas de las pirámides más antiguas
y enigmáticas de Sudamérica, con más de tres mil
quinientos años de antigüedad, completamente olvidadas de
la memoria.
|