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Desarrollo de
la Expedición >> |
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SEPTIMA
ETAPA: NORTE DE CHILE
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Arica
Junto a la frontera peruana, es una de las regiones
con mayor riqueza arqueológica de todo Chile. El
valle de Azapa conserva yacimientos tan importantes
como la Pukará de San Lorenzo, una fortaleza incaica del siglo
XII, y el cerro de Alto Ramírez, una tumba colectiva con más
de quinientos esqueletos de antiguos guerreros, muchos de ellos con el
cráneo alargado artificialmente. El Museo Arqueológico de
San Miguel cuenta con importantes piezas entre las que destacan las momias
de la cultura Chinchorro, con ocho mil años de antigüedad,
aún más antiguas que las momias egipcias.
El valle de Lluta
está completamente decorado con enormes geoglifos, figuras geométricas
y zoomórficas de gigantescas proporciones que llenan las laderas
de las montañas. También se encuentra aquí un asentamiento
urbano del neolítico conocido como Cerros Blancos, y la pukará
incaica de Copaquilla. La huella de los hombres del paleolítico
también está presente en la costa, donde hay multitud de
concheros y cuevas con pinturas rupestres.
Desde Arica se puede iniciar de nuevo la marcha a pié por la zona
del altiplano comprendida entre Colchane
y Cariquima, donde reencontramos restos muy
bien conservados del Camino del Inca e indios andinos de la tribu aymará.

El desierto de Atacama
El lugar más seco del planeta se extiende a lo largo de mil doscientos
kilómetros. Es el desierto de Atacama, en el altiplano chileno.
Sus quebradas fueron el hábitat natural de pueblos nómadas
dedicados al pastoreo de llamas, guanacos y vicuñas. Usaron los
geoglifos, de proporciones gigantescas, como medio de expresión
artística y probablemente religiosa, si bien el significado de
estos constituye aún un enigma.
Los geoglifos más importantes
son los de Chiza, Tilviche, Cerro Unita, Cerros Pintados, Quillagua y
Ariquilda.
Continuando con el recorrido que hacía el Camino del Inca a través
del desierto, visitamos la ciudad de Chiu-Chiu,
el valle del Loa, que reúne más de un centenar de petroglifos
en sus laderas, y dos de las fortalezas más importantes que custodiaban
el camino, las pukará de Lasana y Turi.
San Pedro de Atacama
Justo en la linde entre el desierto y la cordillera andina se extiende
otra de las regiones arqueológicas más interesantes de Chile:
San Pedro de Atacama. Se halla junto
a un gigantesco salar de tres mil kilómetros cuadrados, recorrido
a todo lo largo por la Cordillera de la Sal. Un paisaje natural impresionante
en el que destacan las formaciones rocosas del Valle de la Luna.
Esta región tan inhóspita fue el hogar de la cultura atacameña,
pueblos nómadas que se asentaron en el valle hacia el año
100 a. C. El Poblado de Tulor es una
joya arquitectónica de esta época. Un asentamiento urbano
de casas circulares construidas en adobe y milagrosamente conservadas
al ser sepultadas por la arena. La pukará de Quitor y el Museo
Arqueológico Gustavo Le Paige completan nuestro recorrido histórico.

Valle del Copiapó
Desde la ciudad de Copiapó,
a través del valle del río que le da nombre, llegamos hasta
el centro metalúrgico incaico de Valle
Hermoso, un importante yacimiento arqueológico con restos
de una antigua industria de época inca con treinta y dos braseros
de fundición dedicados a trabajar los metales.
La Serena y Ovalle
Visitamos el Museo Arqueológico de La
Serena, con importantes piezas arqueológicas
de la Cultura Diaguita, característica por su cerámica multicolor.
Cerca de la ciudad de Ovalle,
recorremos el llamado Valle del Encanto, donde se han encontrado más
de treinta petroglifos de figuras humanas y animales, talladas en bajorrelieve
en las rocas, pertenecientes a la Cultura Molle. El Museo Arqueológico
de Ovalle conserva también numerosos vestigios de las culturas
Molle y Diaguita.
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